Déjame seco al partir.
No quiero el bosque sin ti,
mujer del agua.
A mí,
que dormí en cuna de miedo
hasta encontrarte.
Tu sonrisa fue mi trueno bondadoso.
Tu melena mi viento.
Seco, sin aliento,
entre la sal y el tiento.
Vigilia callada bajo sueño apalabrado.
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