Ir al contenido principal

Diez pares y una errata

ellos, racistas.
nosotros, narcisistas.

ellos en 1783.
nosotros ento’avía.

ellos confabulan,
nosotros bailamos.

ellos, en las de ellos.
nosotros, en las de ellos también.

ellos: ley y poder.
nosotros: pacto y pretensión.

ellos glorificaron el águila;
nosotros extinguimos la cotorra.

ellos, perversos buenos.
buenos perversos, nosotros.

allá, la persona que se alza,
aquí, la clase que se hunde.

allá: la competencia.
aquí: la oportunidad.

ellos de manera independiente,
Y nosotros al contrario.

Comentarios

Jorge Luis Rodriguez Ruiz: ha dicho que…
Ellos unos cabr*nes y nosotros unos pendej*s...

Entradas populares de este blog

Sempiternus

Fui a la playa a contemplar la arena: semillas de aquella piedra con la que tallé tu nombre, Carmen Haddys. Antes de la forja y la ponderación de la perla. Antes de la domesticación de los océanos. Fui a buscarte, mi amor, porque estás hecha de mar y transparencia.

Aclaraciones

Aclárese al nieto amado : ¿Qué quiero decirte, Baolín, cuando afirmo que te pertenezco?  Tu abuela testó en favor del puro amor, y ahora tienes -ya posees, míralo aquí-   a este gritón  que te quiso desde que naciste  y que ahora siembra flores en Maunabo, sobre una tierra fértil que te quiere regalar algún día, si es que le va bien y conserva alguno de los superpoderes que ella le infundía sin decírselo. Aclárese a la nieta luminosa: ¿A qué me refiero, doctora, cuando te miro a los ojos y te afirmo convencido que soy tuyo? Acorde a la ley del amor, tu abuela testó en favor de toda su progenie, y ahora tienes -ya posees, míralo aquí- a este paciente hipertenso, que hace ya un año no se enferma, porque hace un año que no bebe, y que sueña desde ya con que algún día puedas venir a ver las flores tuyas, en la tierra tuya donde él siembra. Aclárese a Isabel, hija egregia: ¿Cómo es posible, joven madre, que este hombre, tan seria y naturalmente, asegure ante la gente que ...

Despedida

Déjame seco al partir.  No quiero el bosque sin ti, mujer del agua. A mí,  que dormí en cuna de miedo  hasta encontrarte. Tu sonrisa fue mi trueno bondadoso. Tu melena mi viento. Seco, sin aliento, entre la sal y el tiento.