Julio ha frotado su lámpara una vez más. El resultado, de nuevo, no ha sido el genio, sino el deseo ya cumplido. El genio había aparecido antes, a lo largo del frote placentero cargado de imágenes que él mismo se encargaba en hacerle llegar a la imaginación de Julito. Perdón: Julio. Como decir, el señor. Julio tiene treinta y dos años bien cumplidos, y si le ha dado por entretenerse a diario con su lámpara ha sido (de seguro) por su sorpresa al saber que no importa cuántas veces se le frote, ésta va a seguir echando el deseo por la boca, siempre y cuando el genio no se aburra, el frote no se haga con descoco y el propio deseo del frotador (entiéndase Juli*o) pueda transferirse a la escritura, en un número de líneas que no excedan una página...
Aclárese al nieto amado : ¿Qué quiero decirte, Baolín, cuando afirmo que te pertenezco? Tu abuela testó en favor del puro amor, y ahora tienes -ya posees, míralo aquí- a este gritón que te quiso desde que naciste y que ahora siembra flores en Maunabo, sobre una tierra fértil que te quiere regalar algún día, si es que le va bien y conserva alguno de los superpoderes que ella le infundía sin decírselo. Aclárese a la nieta luminosa: ¿A qué me refiero, doctora, cuando te miro a los ojos y te afirmo convencido que soy tuyo? Acorde a la ley del amor, tu abuela testó en favor de toda su progenie, y ahora tienes -ya posees, míralo aquí- a este paciente hipertenso, que hace ya un año no se enferma, porque hace un año que no bebe, y que sueña desde ya con que algún día puedas venir a ver las flores tuyas, en la tierra tuya donde él siembra. Aclárese a Isabel, hija egregia: ¿Cómo es posible, joven madre, que este hombre, tan seria y naturalmente, asegure ante la gente que ...
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