Ir al contenido principal

Gracias y Halagos

A la muerte:     Por ti acabó la pertinacia de la eternidad.
A la vida:         Todos saben de ti; Nadie, de nada.
Al trabajo:       Al menos por ti para Amargo.

A los números:    Gracias por picarme los eternos.
A las galaxias:    Gracias por llamarnos desde lejos.
A las palabras:    Gracias por la gracia de las rimas.
A Rockefeller:     Gracias por ser solo un apellido.
A Lincoln:             Gracias por guerrear por ** Loíza.
A Jorge:               Gracias por no actuar como Juan.

Al aire:                 Dentro, humilde, nunca airado.
A los ríos:             Naciste agua del viento.
A los orígenes:     Vuelve Nadie con sus huellas.
A Dios:                 Mueren la infamia y el fin.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sempiternus

Fui a la playa a contemplar la arena: semillas de aquella piedra con la que tallé tu nombre, Carmen Haddys. Antes de la forja y la ponderación de la perla. Antes de la domesticación de los océanos. Fui a buscarte, mi amor, porque estás hecha de mar y transparencia.

Aclaraciones

Aclárese al nieto amado : ¿Qué quiero decirte, Baolín, cuando afirmo que te pertenezco?  Tu abuela testó en favor del puro amor, y ahora tienes -ya posees, míralo aquí-   a este gritón  que te quiso desde que naciste  y que ahora siembra flores en Maunabo, sobre una tierra fértil que te quiere regalar algún día, si es que le va bien y conserva alguno de los superpoderes que ella le infundía sin decírselo. Aclárese a la nieta luminosa: ¿A qué me refiero, doctora, cuando te miro a los ojos y te afirmo convencido que soy tuyo? Acorde a la ley del amor, tu abuela testó en favor de toda su progenie, y ahora tienes -ya posees, míralo aquí- a este paciente hipertenso, que hace ya un año no se enferma, porque hace un año que no bebe, y que sueña desde ya con que algún día puedas venir a ver las flores tuyas, en la tierra tuya donde él siembra. Aclárese a Isabel, hija egregia: ¿Cómo es posible, joven madre, que este hombre, tan seria y naturalmente, asegure ante la gente que ...

Despedida

Déjame seco al partir.  No quiero el bosque sin ti, mujer del agua. A mí,  que dormí en cuna de miedo  hasta encontrarte. Tu sonrisa fue mi trueno bondadoso. Tu melena mi viento. Seco, sin aliento, entre la sal y el tiento.