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Meta-mensaje caribeño sobre el arcoiris, cortesía de Skittles

(Entrada también titulada: "Cogiendo pon con el Sr. Pedro Cabiya") 1. Reinbou presenta el  estilo semi-autónomo y semi-fragmentado de pasajes que conforman un texto extenso: la novela. Cabiya no los titula, ni nos explica por qué los pasajes se detienen donde lo hacen, puesto que la mayoría de las veces, la sensación que nos producen es la de continuidad (no de fragmentación); y en ese sentido, se opaca el sentido de los espacios y bordes tan marcados entre pasaje y pasaje. Narra hechos históricos pero no pretende ser histórica, por lo que acepta uno que otro anacronismo o elemento imaginario.  También, se escribe en tono ligero, y esto implica la presencia de un autor que a veces se revela como un "yo" (primera persona), aunque no siempre  guarda los límites y, finalmente, se decanta por uno de los personajes: Lucía, la novia de Ángel Maceta. Reinbou   está escrita en español dominicano, con algunos puertorriqueñismos que habrá que ver cuánto ...

Yo con alas

Defensa de mi tesis doctoral

15 de diciembre de 2016 Estimados profesores, miembros del Comité Evaluador. Querido Presidente del Comité. Estimada Coordinadora de la Escuela Graduada de Estudios Hispánicos, Dra. María Luisa Lugo Acevedo: Me presento humildemente ante ustedes para defender las ideas contenidas en mi disertación doctoral, la cual lleva por título “El símbolo como figura literaria en la prosa de Juan José Arreola”. Como se sugiere en este título, el protagonismo de esta investigación no corresponde (al menos: no del todo) a ese mexicano universal que conmovió a todos los que le leyeron y todos los que conocieron su inusitada trayectoria de vida, llamado Juan José Arreola Zúñiga, sino a aquel enigmático recurso estético —el símbolo— del que se valió Arreola para redactar sus cuentos, y cuya presencia en su obra literaria ha sido desapercibida por los críticos arreolinos, quienes a la hora de identificarlo en su prosa suelen hibridarlo con otras figuras, atribuyéndole características de la m...

Estimada Sra. María de Lourdes Santiago:

Usted es la portavoz de la independencia puertorriqueña. Según usted misma. No le escribo para ofenderla, pero cuanto usted sabe, conoce, recorre o percibe, es exactamente lo mismo que una persona educada como yo, como mi esposa, como mi hermano, recorren. Todos ellos, acaso, le dieron a usted sendos votos. Yo no. Yo voté por otra mujer igual de libre, igual de trabajadora, igual de comprometida, igual (o más) valiente, a la que usted miró tan, pero tan y tan y tan mal en esos televisivos debates en los que -al fin- se proyectó alguna cámara sobre alguien que no utilizó los fondos electorales por los que usted, Licenciada, tanto se inclina.  No hay marcha atrás: la cantidad de votos que usted necesita para alcanzar a mi candidata (puesto que de los votos para liberar al país ya ni se diga) se va a multiplicar una vez se calibre, pondere o justiprecie el gran error nacional que hemos cometido (por lo bajo ) al habernos decantado por Ricardo, Ricky, Riquito, Roselló. Este ...

Ramonita Lorenzo, In memoriam

Te fuiste sin avisarme, Mona, y esto no sé si te lo voy a perdonar tan fácilmente. A pesar de lo mucho que te debo, a saber: años y años de comida y alojo; una hermana, dos hermanos, tres sobrinos; un recuerdo iluminado por la tranquilidad; una estela de confianza. Tú tan pausada, Mona, y te fuiste a toda prisa. ¿Por qué? ¿Para castigarme por qué cosa? Si tú sabes que yo te pensaba pagar poco a poco, o mejor: bloque a bloque, las 6 casas en las que me acogiste cuando yo era joven, cuando estuve alegre, cuando me embriagué de vino, cuando estuve triste o fatigado. ¿De dónde te salió tanta prisa? Yo te voy a alcanzar algún día, y tal vez entonces, seguramente entonces, te perdone. Hoy me siento abandonado. ¡Quién lo diría! Una mujer tan bondadosa y tratando tan fulminantemente a uno de sus hijos adoptivos. Yo otra cosa tuya no soy, querida Mona, aunque tengo una madre también buena, que se sorprende como yo, y con lágrimas asume tu pronta partida. Gracias por esta ex...

Quiero aprender a sonreír

Si trabajo mucho y gano poco, quiero aprender a sonreír. Si hoy es lunes, también. Si me encanta caminar (con el sentido íntegro que tiene la palabra “encantar”: deleitarse mezclando vida e irrealidad), pero de todos modos, no me queda más remedio que utilizar el tren, pues entonces, ciertamente debo aprender a sonreír. Yo lo sospechaba: sonreír era parte de esa salud emocional que nos nutre también la corriente sanguínea de nuestras vidas. Juan Carlos Torres demuestra, con sencilla exquisitez, con libertad humilde y con su corazón tranquilo, pero abierto, que no solo hace falta reír, sino ser libre, en el sentido en que más se compromete esa transparente libertad.             No como artista gráfico, sino como cantante cotidiano aparece ante nosotros esta vez. Con la voz menos dura que Andrea Bocelli, pero mucho más pura que la mía. ¿Por qué en inglés? ¿Por qué, nada menos, que “Three Little Birds”, que era lo que yo cantaba...