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¿Quién se atreve rostizar a Freddy Acevedo, el divino?

(Nuevo homenaje al "roast") ¡Imposible rostizar a este Maestro! ¿Por qué? No tan solo porque lo respeto, sino también porque le profeso amor carnal. Además, porque nunca se me borraría de la nariz el terrible olor a c á nido achicharrado de su piel quemada. Se trata de una piel de legítimo hombre lobo. Como sabe todo el que lo ha visto, muchas cosas tienen en común Freddy y los lobos. Por ejemplo, cuando no se baña, la misma peste a joyo viejo. Y cuando se excita, el mismo portento que tienen los lobos, aunque no sé si con el mismo sabor, porque yo nunca le he hecho una felación a un lobo, según se entiende. Pero Freddy es un ser apacible. Es casi (casi, casi) un santo o un budista. Si tan solo se pudiera deshacer de esos malos pensamientos lascivos que lo acompañan a donde quiera que va, ya habría alcanzado el Nirvana. Sin embargo, precisamente, gracias a esos pensamientos de macho extraviado en lupanar fue que conquistó mi alma de escritor frustrado. Con historias c...

Pero, ¿quién le teme a rostizar aquí a unos cuantos?

  (Pequeño homenaje al stand up comedy tipo “roast”) ¿Quién se atreve a quemar a nuestra voz nacional, Danny Rivera? ¿A quién? ¿La voz nacional de Puerto Rico no es Bad Bunny? ¡Ah! Danny: el de la pipa gigante. El que se viste de genio de la India, pero que no es el genio, sino la pipa. La lámpara de Lechoncino. Danny Rivera es el mejor cantante vivo que tiene Puerto Rico. Hasta el año que viene, que es cuando se va a morir de un infarto. Danny Rivera es una leyenda, como la sayona o el chupacabras. Danny Rivera es un gran tenor. Y su estómago, un gran temor… para los nutricionistas. Danny Rivera, yo te respeto. Tú sabes bien que hace mucho yo he seguido esa faceta tuya de escritor talentoso que también tienes, aunque muchos no lo sepan y otros como yo jamás la hayamos encontrado. No solo te respeto: te admiro. Sobre todo, porque con panzas más pequeñas se han ido de esta vida muchas almas. ¿Habrá sido ese el precio por tu voz privilegiada? Seguramente: por eso es qu...

Bienestar Público: Utuado, Puerto Rico

Planeaba una excursión un grupo de Bienestar para un campo visitar no lejos de la región. Se escogió transportación, sitio y hora prefijados. Faltaban los invitados que se iban a agregar. Héctor Vera, que a pesar de la noche haber pasado en la estación recostado oyendo dedicaciones, prontamente se repone. Ya dispuesto a cooperar porque Fique le propone recoger el personal. Gloria no podía faltar, por ser ella la invitada. Ramonita, que planeaba junto con Jean platicar. Borrero quiere frasear del vernáculo al sajón. Luisita, que la ocasión no pretende despreciar. Pasteles, arroz con pollo, ensalada y entremeses, en pocas palabras fue lo que al campo se llevó. Dicen que Jeanette gustó de los sabrosos pasteles. Héctor Vera ni los huele, pues no estaba interesado, ya que s í tenía a su lado una caneca de ron a la que faltaban dos palos. Dice Luisa, con desdén, que le gusta cocinar, pero no suele esperar que le deje...

Simpleza de elocución en el gran cierre del Festival Imaginario para la Lectura:

“Caculitos”, de Jorge Luis Rodríguez Ruiz, y la densidad estética del poema infantil     Ciudad de A , Caribe Oriental. Lunes, 30 de noviembre de 2046. Luisa Liz Canito   Durante la apacible noche de ayer, Ciudad de A concluyó por todo lo alto sus deberes como anfitriona del primer Festival Imaginario para la Lectura, presentando en la clausura del evento al extrovertido aunque sencillo escritor puertorriqueño Jorge Luis Rodríguez Ruiz: figura cimera de la llamada Generación Migrante (por su paso del papel a la imagen virtual).     Un panel de jovencísimas letras —Roca Druiz, niño novelista; Juancarlos Contra, amado poeta; Nevo Nené, escritor africano; as í  como las escritoras Franca Melita, Julia Demiurgo y la infante Isabel Fustán— celebró desde diversas perspectivas el reciente giro que ha dado Rodríguez hacia la literatura infantil, a partir de un texto fundacional: “Caculitos”, poema ubicado en los albores de este siglo. Ni caculitos, ...

¿Dura, madura o “madurada”? Merevick Torres Camacho y su noble capacidad para endulzarnos la mirada

  En primer lugar: posemos la mirada sobre la fruta ofrecida que, de madura, parece a punto de perderse. En efecto, todos esos racimos de guineos habrían terminado en una inmensa aunque inodora podredumbre (léase aquí: “habrían terminado en un gran olvido”) de no haber sido por la mano interventora de esta pintora, capaz de conservar toda esa fruta en su condición más viva, es decir, más apetecible . En una sola oración: se trata de un arte maduro y de una artista. No hay que repetir aquí elogios del tipo “artista consumada”. Si su cosecha está madura, se entiende que ella también. A diferencia de todas las clientes que van a la plaza del mercado a comprar algo decente para cocinar y comer, a Merevick Torres Camacho busca algo para pintar y mostrar, que es su manera de ofrecernos su alimento, que es tanto para la mirada, como para el alma. Esa fruta cotidiana, a pesar de lo cercana, sabe a misterio. Solo es cuestión de fijarse en esa sombra que sostiene los guineos, y que nos a...

El poema es la enfermedad que cura el mal de la cordura

Acaso el mayor de los logros poéticos que creo descubrir en Leptospirosis — del siempre bien recordado Ángel Díaz Miranda — es el vínculo, establecido por el yo poético , entre la concreta inmediatez de su cuerpo (su humanidad) y la abstracta significación de un léxico estricto que se va repitiendo en cada verso. Es decir, la difuminación de los límites entre lo real y lo pensado. Mitad poemario, mitad espacio vacío (puro homenaje al silencio) Leptospirosis se presenta como el canto indignado (mitad coraje, mitad desolación) a la gesta gubernamental fallida, torpemente ejecutada tras el azote en 2017 del gran huracán María. En efecto, a pesar de los intentos del gobierno por acallar estas y otras cifras, brotes de leptospirosis representaron una amenaza a la salud pública nacional durante los meses posteriores a aquel ciclón de cuya devastación apenas nos recuperamos actualmente. A estos brotes se les sumaron otra serie de infortunios como la falta de luz, que implicó la muerte ...

Jota y Ce

Jota y C han sobrevivido este año a un terremoto, Una r é plica, Otro terremoto, Otra r é plica, A un hurto, a un fraude, a un fiasco, A otro fraude, A preguntas electorales sin sentido, A una breve sequ í a, A una larga pandemia, A una tormenta y a otra, Y aún falta.