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Seguimos con Baolín

Brevia dominical

La perfecta sería saber significar el silencio. Darle signos. Ya le pregunté a Baolín qué necesitaba y me dijo “lo de siempre”, sin angustias metafísicas por el momento. Yo estuve con él. Eso es un evento. Estar con un niño es un acontecimiento.

1. Como ver el atardecer.
2. Pasearse por un lago.
3. O leer La peste, de Camus.

Todo depende de nuestra humildad. Así, hay mamás y papás poco humildes, que les pegan a sus hijos por razones tan absurdas como: que éstos no paraban de llorar, que hacían ruido (en una conferencia sobre el Virus), que se ensuciaron la ropa (y no el pañal). Etcétera. Los padres dan a conocer de primera mano, e inesperadamente, el llanto. Los mismos que nos consuelan. Ya hubiese querido yo haber aprendido a llorar por causa de mis enemigos. (Pero mi papá me daba por las susodichas.) Ya quisiera saber desde ya quién será el atrevido que va a atentar contra Bao, para entorpecerle los pasos.

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