
No solo porque leo.
También porque es cierto que yo no pido el dinero,
ni siquiera,
la tibieza de la carne de mujer.
Yo le pido a unos ojos que me amen,
y al Hada
que me mire.
Al Hada que no existe pero vive.
Hoy día Hoja-labra mantiene acaso su concisión, si bien ha incorporado la fotografía como parte de su proyecto aún inconcluso de promover el lado poético de nuestra cotidianeidad. Sigue siendo esa nuestra misión primordial: hacer de la poesía algo tan maravillosamente cotidiano como la vida misma.
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