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La indisposición de las lechugas

De pronto Coca Cola se volvió detestable, a pesar de lo bien que combinaba con el hielo y la sed. El jugo de limón no pudo desbancarla nunca, pero sí las recientísimas preocupaciones vegetarianas por la óptima salud de nuestros cuerpos. ¿Quién que toma La Gaseosa puede acceder a ese club? Así pues, resulta que la felicidad está en el comer bien. Solo que el colérico entusiasmo del steak asado no forma parte de esa fórmula, ni el excesivo placer del arroz chino, ni siquiera el tierno pan del hambre humilde. Mientras más costoso y difícil de procesar el ingrediente, mejor. Vea usted: aceite de coco, porque olvídese desde ya del aceite de maíz (de toda la vida) para el pollo frito, y del aceite vegetal para los nuggets. Sigamos: leche de almendra, ya que la de los becerritos queda para siempre entre ellos, y en fin: quinua, pues el arroz maternal que alimentó nuestros músculos adolescente suele inflar el estómago, por más que nuestros planos vientres  (...

De ambas

Metatexto

Amnistía divina

(nueva herejía) Habrá perdón para el que no hizo nada. Para el que siguiendo a Cristo se perdió. Para Confucio, que no estaba. Para mis desintegradas cenizas y mi alma, que en la oscura materia está agotada.

Cómo escribir el futuro*

*Semblanza leída el miércoles 2 de abril de 2014 en las facilidades de Dewey University, recinto de Hato Rey, con motivo de la celebración de la Semana de la Lengua, dedicada a Pablo Alexis Santos Sánchez, M. A. Pablo Alexis nació hace algún tiempo (tiempo que aún le favorece y lo mantiene —miren cómo— saludable), y ha vivido desde su infancia en el pueblo de Cayey. Ha vivido específicamente en el residencial público Luis Muñoz Morales, apartamento número 52, cara a cara con la casa de un amigo rockero que tras su éxito musical en otras latitudes, ahora se hace llamar Erico La Bestia. No, Pablo no es rockero, pero le gusta ser amigo de la gente. Acaso desconoce, a diferencia mía, qué es una bruquena, cómo es el cantar del coquí guajón o cuán terrible es el escozor que producen las ortigas. Criado muy cercano al antiguo centro urbano de Cayey, acaso la naturaleza estuvo un poquito más presente en mi vida que en la suya. Claro, rodeado de montañas, cercano al Bosque de Carit...

Alegría derramada

La alegría se derrama por la punta de las ramas de tu cabello tan bello mientras lloro yo de esa alegría, bebiéndola a borbotones como hasta ahogarme quisiera, si tuviera el control de mis sentidos, y no tú.
¿Abro o no abro los ojos? ¿Miro o no miro? ¿Pienso? ¿O me quedo frente al muro que no pulverizo? ¿Digo o no digo? ¿Hablo? ¿O me quedo callado como un dado inerte sobre el cuerpo que no habla nada más?”