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Un COco COn Calle 13

Las palabrAS son clichosAS: que se caguen en su madre y se fatiguen trAS la imagen.


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Aclaraciones

Aclárese al nieto amado : ¿Qué quiero decirte, Baolín, cuando afirmo que te pertenezco?  Tu abuela testó en favor del puro amor, y ahora tienes -ya posees, míralo aquí-   a este gritón  que te quiso desde que naciste  y que ahora siembra flores en Maunabo, sobre una tierra fértil que te quiere regalar algún día, si es que le va bien y conserva alguno de los superpoderes que ella le infundía sin decírselo. Aclárese a la nieta luminosa: ¿A qué me refiero, doctora, cuando te miro a los ojos y te afirmo convencido que soy tuyo? Acorde a la ley del amor, tu abuela testó en favor de toda su progenie, y ahora tienes -ya posees, míralo aquí- a este paciente hipertenso, que hace ya un año no se enferma, porque hace un año que no bebe, y que sueña desde ya con que algún día puedas venir a ver las flores tuyas, en la tierra tuya donde él siembra. Aclárese a Isabel, hija egregia: ¿Cómo es posible, joven madre, que este hombre, tan seria y naturalmente, asegure ante la gente que ...

Despedida

Déjame seco al partir.  No quiero el bosque sin ti, mujer del agua. A mí,  que dormí en cuna de miedo  hasta encontrarte. Tu sonrisa fue mi trueno bondadoso. Tu melena mi viento. Seco, sin aliento, entre la sal y el tiento. 

Lourdes Torres Camacho, In memoriam

L.T.C., febrero 1954- abril 2010 Ha muerto Lourdes Torres Camacho. Muere como amiga, hija, mujer trabajadora. A los 56 años. Muere con pocas cosas valiosas, aunque más que suficientes para una humildad tan sobria como la suya. “Humildad sobria” digo, a pesar de que ella fue consumida por una rabia que podríamos catalogar de extraordinaria. “La rabia de días y flores”, como dice la canción famosa, a pesar de que ella no aspiraba ni a la explosión ni a la fama, ni al empujón ni al dinero, sino, mire usted qué sencillo, a la vida. Nadie quería vivir tanto como ella, que se moría con orgullo, resistiendo las ganas de insultar a la muerte de frente, con un grito de locura o un beso en el centro de la sangre, de repente. No tenía miedo. Como dije, solo rabiaba por vivir, pero se murió. Yo no pude despedirme de ella como quería, aunque creo que siempre le dejé saber que la respetaba. El martes, cuando estuve con ella a solas, en su habitación de hospital, supe también que era hermosa. Pienso...