Ir al contenido principal
Fin*

Lloro una tradición de verbos
a un desenlace sin personajes.
Preludio infinito de una página en blanco,
donde el telón soy yo y tú el aplauso.

Susurro el sur, mareo el norte,
colgado como títirete del 1800, quizás.
Mañana lloro los adjetivos, hoy no.

*La contribución es de Juan Carlos Torres Cartagena (ver su obra en iconográficos.com y, sobre todo, en http://www.youtube.com/user/juancapr)

Comentarios

Jorge Luis Rodriguez Ruiz: ha dicho que…
Amigos, me gustaría saber su parecer sobre este poema:¡es el primero que no escribo yo! Bueno, de todos modos escribí esta crítica (¡cállenme!)a ver si están de acuerdo con la misma, o si por el contrario, ven en el poema otras cosas. El comentario de Juan Carlos, por supuesto, no debería faltar...

“Fin”, de Juan Carlos Torres (crítica semi-formal)


Este poema es un despliege de insólitas imágenes (a pesar de su lenguaje más bien ‘convencional’, en el sentido de ‘familiar’) que invita a recorrerlo por completo, a manera de un relato, antes que detenerse verso a verso a ver qué codifica cada imagen. Así, lo veo como una historia versificada cuyo argumento se cifra en el título, si bien más que un “fin” se trata de un momento “después del fin”. Es decir, el narrador habla del futuro que habrá después de ese “fin”, así como de las sensaciones e impresiones que le han producido tal suceso. ¿Qué suceso? Me parece obvio que se trata de una ruptura amorosa: la separación de “el telón” y “el aplauso”. Esa ruptura está sumamente explicada en términos poéticos: es un “fin” que simultáneamente es el comienzo trágico de “una página en blanco”. Además (nuevo amargor para el “yo”) es un “fin” que el “tú” aplaude. A pesar del tono serena y elegantemente dolido, el poema adquiere al final un optimismo radical, que se expresa en la anteposición implícita entre los “verbos” del primer verso y los “adjetivos” del último, a los cuales rechaza el autor. Este rechazo (¡y con esto CASI acabo!) puede verse como una oposición entre el dinamismo de los verbos (que hacen cosas) y la pasividad de los adjetivos (que se limitan a describir cosas). Y aunque esta correspondencia de elementos me parece obvia, confieso que el verso inicial de la segunda estrofa (“susurro el sur, mareo el norte”) me parece complejo, y solamente lo asocio con el vértigo, o con la idea de escape hacia una ruta alterna que, esa ruptura que he mencionado, pudo provocar en quien, con siete versos bien LABRAdos, la narró…
Jorge Luis Rodriguez Ruiz: ha dicho que…
¡Amigos! Aquí, el comentario de Juancarlos (me lo habia enviado a mi email):

wow Jorge... gracias
Leí tu comment en hoja-labra.... gracias por la crítica.... o mejor dicho por el Psico(Texto)análisis que le has dado. De veras que es muy inspirador tener notas de tu parte. Me parece muy acertado tu punto de vista... es un juego de imágenes que le hacen una oda al "Teatro"... a la actuación (tragi-comedia) de un amor ya terminado. La parte de "susurro el sur..." se refiere precisamente a las nuevas rutas que están por venir... pero a su vez son rutas confusas y con un personaje inmóvil, confundido en el pasado (...como títere colgado). El principio del poema es uno denso y triste, pero según pasan las palabras va despertando otro tono despabilado, con un final irónico y alegre. Lo cual hace referencia directa al ícono del teatro: las dos máscaras de la tristeza y la alegría.
saludos, Juanca

Entradas populares de este blog

Eyra Agüero Joubert

Eyra Agüero tuvo de nacimiento el enorme regalo de una patria dual. Puerto Rico la vio nacer, pero la República Dominicana le donó la sangre de sus padres. Así, hija de inmigrantes, tuvo en Puerto Rico su cuna, en Santo Domingo su familia extendida, y en el resto de Latinoamérica, una inconmensurable patria que lo mismo le contaba tradiciones folklóricas en español, que le cantaba nanas en portugués-brasileño. Entre contar y cantar trabaja Eyra, haciendo de la risa un arte (el reconfortante arte de la amabilidad), y de la voz una herramienta, o mejor, un disfraz, un elegante disfraz tras el cual esconderse, dejando solo al descubierto la hilaridad o el dramatismo de los personajes cómicos o trágicos que le toque interpretar. Pero antes de hablar de la actriz que hizo el número 5 en la lista de las 10 comediantes femeninas más queridas por el público puertorriqueño, según ha reseñado el periódico Primera Hora hace exactamente dos meses y nueve días (jueves 16 de abril...

Káutika o La aventura de ser joven para siempre (sin hacerle competencia a Peter Pan)

1. Un amigo surgido del recuerdo Este ensayo debió haber sido escrito hace al menos un año. No importa: pasaron más de 13 para que su protagonista, Raciel Reyes Lopés, me encontrara entre las calles de esta ciudad percudida y me hiciera conocer la jovialidad de su música. (“Káutika” = “jovial”.) Me regaló un disco titulado “Todo lo que era ya no es”, que me recuerda el título de un clásico no sé de dónde llamado “Todo lo sólido se desvanece en el aire” (de Marshall Berman). Lo grabó él mismo en la Escuela Libre de Música. Allí, Raciel educa, anima y ayuda a músicos tan entrega’os como él mismo, y de vez en cuando graba discos tan adictivos como este que apenas comienzo a reseñar. 2. “Káutika” “Káutika” significa poco: a lo sumo, unas siglas (que yo desconozco) que conforman el nombre de esta banda. Tiene un pariente cercano: "cáustica" que significa, esa sí, muchas cosas; entre ellas, “que quema y destruye los tejidos animales” y “mordaz, agresivo”. Coinciden ambos términos e...

Lourdes Torres Camacho, In memoriam

L.T.C., febrero 1954- abril 2010 Ha muerto Lourdes Torres Camacho. Muere como amiga, hija, mujer trabajadora. A los 56 años. Muere con pocas cosas valiosas, aunque más que suficientes para una humildad tan sobria como la suya. “Humildad sobria” digo, a pesar de que ella fue consumida por una rabia que podríamos catalogar de extraordinaria. “La rabia de días y flores”, como dice la canción famosa, a pesar de que ella no aspiraba ni a la explosión ni a la fama, ni al empujón ni al dinero, sino, mire usted qué sencillo, a la vida. Nadie quería vivir tanto como ella, que se moría con orgullo, resistiendo las ganas de insultar a la muerte de frente, con un grito de locura o un beso en el centro de la sangre, de repente. No tenía miedo. Como dije, solo rabiaba por vivir, pero se murió. Yo no pude despedirme de ella como quería, aunque creo que siempre le dejé saber que la respetaba. El martes, cuando estuve con ella a solas, en su habitación de hospital, supe también que era hermosa. Pienso...